Todos hemos oído (he incluso usado) esta palabra. Hasta se hizo una película con ese título. Una de sus acepciones es “Se dice de aquella persona que actúa para agradar a otra, no atendiendo a su propio beneficio, a la espera de alguna retribución improbable en el futuro. Tonto útil”.

En las últimas dos semanas hemos conocido diversas posibles medidas de corte económico, tributario o de Seguridad Social. Siempre de la forma habitual con la que nuestros políticos y gobernantes nos informan (o más bien nos despistan) de sus intenciones.

A título de ejemplo:

  • La posible desaparición de la tributación conjunta (ya se sabe, que paguen más los ¿ricos?)
  • El pago por uso de autovías, autopistas y carreteras varias (es que hay que mantenerlas, pobrecitas, como si ya no pagáramos impuestos para eso).
  • La subida de las cotizaciones de los autónomos (parece que se les olvida que las prestaciones a percibir -IT, pensión- van ligadas a la cotización, ¿o es que se pretende subir cotizaciones y bajar prestaciones?).
  • La eliminación de los tipos reducidos del IVA (y de paso subimos el general, y si no al tiempo).

Dejando aparte la demagogia habitual con la que políticos, periodistas de la cuerda de unos y otros, sesudos entendidos de tertulias televisivas y opinadores varios defenderán o atacarán las medidas, bajo mi humilde opinión (¿o es que los profesionales de la materia somos los únicos que no tenemos ni voz ni voto en este carajal?), en una crisis económica como la que ha provocado el COVID, que se suma a la que ya apuntaba antes de su aparición, es DE PURO SENTIDO COMÚN NO AUMENTAR LA PRESIÓN FISCAL NI LAS COTIZACIONES SOCIALES.

¿Pero… por dónde pasa la solución?

La solución pasa por incrementar el número de contribuyentes, por conseguir que aflore la economía sumergida, por incrementar también el número de cotizantes. Para conseguir eso, lo que hay que hacer no es subir impuestos y cotizaciones. Al contrario, hay que bajarlas. Hay que eliminar las barreras de entrada, no hacerlas más altas de forma que más gente no pueda cruzarlas.

Sin demagogos que intoxiquen, esta solución que apunto ya se usó en este país en el año 1996 y dio resultado. Más presión es igual a más economía sumergida, a más fraude y, por tanto, a menos recaudación. Es así de simple.

Los pagafantas de este país -los tontos útiles- sólo esperan que su esfuerzo y sacrificio para pagar impuestos y cotizaciones sirva para que sus políticos hagan un buen uso de los mismos. Siempre a la espera de ser correspondidos con una cada vez más improbable retribución, es decir, unos servicios públicos de calidad y unos gobernantes que trabajen de verdad por el bien de todos, los ricos, los pobres …..y los del medio (que son los que principalmente pagan la fiesta).

Por el amor de Dios, de Marx, del Alá, de Krishna o de Bugs Bunny (que cada cual se acoja a lo que quiera), menos asesores de imagen, menos gobernar para el titular de prensa y más trabajar; menos soberbia y más aprender y escuchar a los que más saben, nos va la vida en ello.

Autor del post: JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ PLÁ – Secretario APAFCV

Jose Mª Martínez Plá

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